“El epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida social, sin caer en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un pequeño círculo de amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia” Adolfo Sanchez Vázquez – filósofo, escritor y profesor hispanomexicano.
Por Tita Hasbun
Publicista de Modas
tita.hasbun @gmail.com
La globalización, los medios de comunicación y las comunidades virtuales han contribuido a la masificación de determinados patrones de comportamiento, de gustos, de maneras de vestir, generando uno de los rasgos característicos de la sociedad actual: la cultura global de masas.
A medida que vamos globalizándonos nos vamos volviendo una sociedad universal con muchas variedades de productos, entretenimiento, moda, alimentación y estilo de vida .
Hoy la máxima exigencia es estar conectados cada segundo con otras personas en tu patio o cualquier parte del planeta, es tipo maratón: hay que compartir información, noticias, culturas, estar a la tanto de las innovaciones, los temas del momento, etc.
La moda y la gastronomía han sido quizás dos de los intereses culturales que más rápido se han extendido, ya sea debido a la emigración popular, como también a la necesidad de seguir las tendencias de consumo desde que abrimos los ojos hasta que caemos en los brazos de Morfeo. Estamos expuestos a toda una industria de bienes y servicios asociados a la moda, espectáculos, música, artículos tecnológicos y una increíble gama de “corotos” y cachivaches con descuentos, especiales y hasta en combos.
Esta oportunidad de disposiciones hace que nuestros gustos y deseos sean un poco más asequibles y siempre con la misma consigna: darnos placer.
El obtener complacencia puede variar en cada persona. Algunas tienen deleite por los lujos, otras por los viajes, los autos, joyas, arte… Otros por las comidas, bebidas, una buena lectura, una vida más conscientemente saludable , los “eco friendly” y también los que prefieren una grata compañía. De ahí han surgido grupos o etiquetas de “sibarita”, “hedonista” o “Bon vivant”.
El término Bon Vivant (este sustantivo masculino tiene origen francés) refiere a una persona elegante, original, con clase y estilo, amante de la buena vida, extravagante, tanto en su vestimenta como en sus preferencias materiales y gastronómicas, todo lo que le parezca vulgar es despreciado por estos individuos.
En cambio, el Sibarita es aquel sujeto con gustos refinados y que elige cierta calidad de comidas y bebidas. El origen de la palabra se remonta miles de años atrás, tantos como sus leyendas puedan permitirlo (el lector está invitado a descubrirlas en Wikipedia). El sibarita reúne alguna de las siguientes características: no debe estar preocupado por su silueta, debe valorar los conocimientos de gastronomía, enología y por la calidad de su comida, prefiere el slow food.
Por su parte, el hedonismo, del termino griego “hedone” es la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor y de las angustias, como objetivo o razón de ser de la vida.
La propuesta hedonista más importante es la de Epicuro y su escuela. El planteamiento de Epicuro de Samos -filósofo ateniense del siglo IV a. C. (341 AC)- es más bien utilizar la razón para examinar de forma serena y cuidadosa el beneficio o el daño que se siguen de cada una de nuestras apetencias y acciones. Se trata de ser inteligentes en la búsqueda de placeres y en la evitación de dolores, de algo así como una “aritmética del placer”: hay que hacer un cálculo de los placeres y los dolores que se siguen de la realización de un deseo.
Un Bon Vivant es totalmente diferente a un sibarita, mientras que el primero quiere abarcar todos los lujos, el sibarita se entrega a los placeres de la buena mesa, los sabores de la vida y las mejores bebidas, y por qué no, a la selecta compañía para poder argumentar o deliberar.
Estos términos muy de moda en éstos días nos invitan a reflexionar cuál término o grupo nos hace sentir más identificados, ya que usted puede ser un (a) “Top sibarita “ y atestiguar la exótica comida tailandesa, como la especiada comida hindú, o diferenciar un excelente vino cosecha francesa o argentina, o aventurarse a ser un (a) magnificent Bon vivant y darle la vuelta al mundo en los días que usted quiera , o, por otra parte, ser un férreo seguidor de la doctrina epicúrea y preferir una conversación inteligente y devorar un libro fascinante en tiempo record.
O si por el contrario sólo buscamos el placer inmediato y andamos entre la necesidad de llenarnos con experiencias de gratificación “express” para luego de su efímero efecto volver a sentirnos vacíos y arrepentidos, ya que según Epicuro es bueno todo lo que produce placer, pues según él, es el principio y el fin de una vida feliz. Pero para que el placer sea real debe ser moderado, controlado y racional y sólo tiene sentido si nos ayuda a ser felices en el mundo en que vivimos, en medio de la sociedad que nos rodea.



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